MENOS FACE, MÁS BOOK

Hace algunos días concurrí invitado a una feria del libro a Victoria. Era una más de las actividades con que un grupo literario local adhería a la celebración del aniversario de la ciudad.

Viene al caso citar que en años pasados, al amparo de la  Escuela Normal (1906-1928 y 1943-1973), Victoria era llamada “La Culta” y en realidad lo era por las actividades culturales que a partir de ella desarrollaban maestros de reconocido prestigio.

No olvidemos tampoco que su primer Gobernador fue Tomás Guevara, educador, reconocido por su obra histórica sobre el pueblo mapuche. A él le siguen muchos; victorienses o no, sus obras florecieron en esa ciudad y de allí surgieron a las letras nacionales. El desaparecido profesor normalista y más tarde propietario del diario más antiguo en circulación en la Región, hoy  “Las Noticias de Malleco“, don Tránsito Bustamante, nos recuerda en su obra dilecta “Victoria, eje  central de Malleco en La Araucanía”, que allí vivió por años la escritora Marta Brunet, quien tomó de esas tierras material para sus novelas de renombre nacional. Agrega además a Ruben Azócar (Gente en la isla, 1937), Diego Muñoz (De repente, 1933), Ángel Cruchaga Santa María (Anillo de jade, 1959), Claudio del Solar, periodista y crítico literario y varios otros que pasaron por esa ciudad, dejando una impronta literaria que, como dijimos, dio margen para que en su momento fuera conocida como “Victoria la culta”.

De eso han pasado muchos años, ya se perdieron entre el ramaje de la literatura las hojas culturales de la revista “Los Pinos”, que recogía en tiempos de la Escuela Normal, los versos de quienes pretendían subirse al tren literario; hoy sólo quedan algunos recuerdos de esos cultivadores de la poesía victoriense y ya son otros los nombres que tratan de revivir aquellas páginas señeras con nuevas creaciones, buscando colocar una nueva pátina a esos recuerdos que dieron fama y lustre a la ciudad.

En la oportunidad a que me refiero nos acompañaba el profesor normalista Eduardo Palma Moreno, que también se inició en los años ’60, en la literatura siendo alumno de la antigua Normal y que hoy  desarrolla una gran actividad, como director de la revista literaria binacional “Coirón 2.0”, a la que se unen sus publicaciones “Crónicas de Wilkun Likan”(2004), “50 Microrrelatos para leer en micro” (2014) y su última obra “Neruda el Fugitivo”(2019), pieza teatral en dos actos, en que se coloca en escena esa parte de la vida del conocido Nobel de Literatura, las que también estuvieron en esta Feria del Libro.

En la ocasión estuvo presente, entre otros, el conocido crítico literario angolino Wellington Rojas, de quien hemos hablado en esta página por sus últimos libros y que para la ocasión trajo su obra “Prosas Pretéritas” poesía chilena en los ’80 (2019), la que fue presentada por el escritor lautarino Oscar Mellado Torres (“La lluvia eres tú”, 2016), en el mismo lugar de la Feria. Durante su exposición, Mellado, tuvo emotivas palabras sobre las crónicas contenidas en este libro, las que cómo se ha dicho pertenecen al trabajo literario realizado por Rojas en esa década.

Todo bien, hubo escritores de varios lugares, quienes llevaron sus obras para la venta, muchos con publicaciones auto editadas como Germán Caces, Gloria Lepilaf, Patricia Chacón y otros, pero retornando al título de esta crónica, nos encontramos con lo que sucede no sólo en Victoria, sino que a nivel regional y nacional. Mucho Face y poco Book, es decir, la concepción virtual ha aletargado la venta de libros. Lejanos están ya los días cuando la gente no sólo los compraba, sino que los leía y los comentaba en sus círculos sociales, donde los libros solían circular con gran aprecio de los lectores.

Hoy, eso no sucede, no hay una exacta valoración sobre el trabajo literario, a pesar del esfuerzo de los escritores, muchos libros se exponen con un mínimo de ventas y a veces no se gana ni para pagar la edición. No obstante, mientras haya creadores, el libro no va a morir, pero para que ello no suceda, es necesario que florezca una nueva elite de lectores, que se interesen por disfrutar de nuestra literatura, especialmente nuestra literatura regional, que necesita también un espaldarazo que permita la edición de libros a un menor costo.

En todo caso apreciamos el esfuerzo de Victoria Santander y su organización literaria, de Paulina Gómez, encargada de Cultura de la Municipalidad de Victoria, y del personal de la Biblioteca Municipal, quienes se unieron para lograr el mejor desarrollo de esta feria del libro, quienes al cierre de la actividad nos entregaron un emotivo regalo, el que llevaba impreso el nombre del título de esta crónica “Menos face y más book”. Valorable.  .                       

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