Poemas y cuentos de Lidia Cristina Lacava

 

 

 

 

Por: LIDIA CRISTINA LACAVA

 

RECUERDO

Como un tesoro de ignota procedencia,
atesora mi alma tu recuerdo
de bella idea y sin igual contorno.

Bebí la bella imagen de tu rostro
en llano tiempo y estado evanescente.

Aguas dulces cambiaron en mis labios
besos azules que mansos se sentían.

La noche vino a despedirnos.

La vaga estrella me cautivó el sentido
y creí ver en su destello
la dulce chispa de tu ser extranjero
que circundaba el mío de añoranza.

 

Mariposas

Las mariposas vinieron.
Batieron las alas.
Escudriñaron la luna
Y evadieron al tiempo.

 

Estaban preparadas
Para alejarse de las olas
Que el mar les ofrecía,
Pues le temían.

Es un pequeño paisaje
tengo una mariposa
Es bella y encantadora
Cautiva en su vuelo.
Solitaria y ausente.

 

Historia en Haiku

Partida triste.
Luz que huye.
Sólo recuerdo.

Nube aciaga.
Mi amor huyó de mí.
Otro sol veré.

En el camino
La rosa que esperaba,
dulce asoma.

 

Me amó.
No supe nada más.
Lo amé.

La fuerza crece.
El enigma alumbra.
Nació el niño.

 

  DESAPARICIÓN

La cámara filma para televisión en un supermercado. Hacia la izquierda de la pantalla se ven compradores, incluida una mujer joven.
Sin interrupción del reportaje que le hacen a un empleado del comercio, la mujer desaparece de la pantalla, pero sin irse del lugar.

 

ENGAÑO

Es absurda la pretensión de que la Condesa del Rhin sea candidata al trono.
– Será una buena Reina.
– Sus súbditos no la quieren. Prefieren a un Príncipe para ser Rey.
Pasados algunos meses, se presentó al Parlamento el Conde del Rhin, exhibiendo sus armas, blasones y respetable apariencia de joven mancebo.
Lo nombraron Rey, con el beneplácito de todos… A su muerte, luego de largos años de reinado, se descubrió que el Rey por todos venerado, era la Condesa del Rhin que había asumido otro sexo para acceder al trono.

 

 

EL AMOR

Cupido se acercó y me dijo
-¿quieres ver el puente que construí?
Esperando ver una obra de ingeniería, me sorprendió al señalarme a dos jóvenes que se miraban arrobados. Era evidente el encanto con que sus manos se unían y sus ojos se contemplaban.
Cupido me hizo un guiño cómplice y acotó:
– Dejémoslos. El puente de amor que los une por ahora es indestructible…y se alejó volando entre los árboles.

 

 

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