EL POLÉMICO JUAN BAUTISTA ALBERDI Y LA IDENTIDAD DEL PUEBLO

 

 

 

 

 

LIDIA CRISTINA LACAVA
Neuquén- Argentina- sep. 2017

 

“GOBERNAR ES POBLAR”

Juan Bautista Alberdi nace en San Miguel de Tucumán (Argentina) el 29 de agosto de 1810, en el seno de una familia tradicional del norte.  Es  político, literato, diplomático y músico, de pensamiento aún vigente que se manifiesta en descarnada prosa. En 1831 inicia sus estudios de Derecho. Ingenioso, refinado, su mundanidad tenía el matiz intimista y melancólico de la generación romántica. En 1832 publica “El espíritu de la música a la capacidad de todo el mundo” y el “Ensayo sobre un método nuevo para aprender a tocar el piano con mayor facilidad”. También realiza un rescate cultural de las obras populares en su “Cancionero Argentino” y su “Colección de poesías adaptadas para el canto” (1837). No debemos olvidar su talento como compositor de música de cámara, con obras de alto nivel conceptual, que han ilustrado programas de TV y fueran interpretadas por la “ Camerata Bariloche”.
Las dificultades políticas con el gobierno de Juan Manuel de Rosas lo obligan a emigrar a Montevideo en 1838. Pero en 1843 se embarca para Europa. En agosto llega a París donde conoce la prosperidad y el empuje de la Revolución Industrial. La experiencia directa del progreso económico irá delineando los perfiles de su obra futura.
Reembarcado para América, elige a Valparaíso como destino de su exilio. Allí permanece hasta 1855, actúa como prestigioso abogado y periodista. Participa en tertulias y publica ensayos y literatura.
La Administración del Gral. Bulnes brindaba a los jóvenes exiliados porteños las garantías de la protección y de la consideración. El nuevo gobierno chileno, ilustrado, tolerante, progresista, al mismo tiempo que organizaba un Estado firme y autoritario, aparecía a los ojos de Alberdi como la organización política más cercana a sus recientes experiencias europeas.
Es nombrado Secretario de la Alcaldía de Concepción. Redacta la Biografía del Gral. Bulnes. Colabora en la redacción de “El Mercurio” y funda “El Comercio”, de Valparaíso. En 1844 aprueba el examen de reválida para el ejercicio de la abogacía con la “Memoria sobre la conveniencia y objeto de un Congreso General Americano”.
En Argentina se lo reconoce por su obra “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina derivada de la ley que preside el desarrollo de la civilización en América del Sur.” Valparaíso. Imprenta del Mercurio. 1852, que sirviera a la redacción de una Constitución definitiva.(1853)

Acerca de la nacionalidad

El espíritu de la nacionalidad, la búsqueda de las raíces folklóricas nacionales, la determinación de lo específicamente propio de cada pueblo encuentran lugar en su pensamiento, no sólo para esclarecerse acerca de los movimientos históricos, sino también para justificar su desigual crecimiento.
Afirma que “El desarrollo es el fin, la ley de toda la humanidad. A su vez esta ley encierra otras leyes. Cada pueblo se desarrolla a su modo, porque el desenvolvimiento opera según leyes constantes en una íntima subordinación a las condiciones del tiempo y del espacio. Estas condiciones no se reproducen de manera idéntica, y por ello no hay dos pueblos que se desenvuelvan del mismo modo.
Todo pueblo debe tener su civilización propia que combine la ley universal del desenvolvimiento humano con sus condiciones individuales de tiempo y espacio. De modo que todo pueblo que no tiene civilización propia, no camina, no se desarrolla, no progresa, porque no hay desenvolvimiento sino dentro de las condiciones apuntadas; y esto es por desgracia lo que nos ha sucedido” (“Doble armonía”).

Búsqueda de la esencia

Es preocupación constante de Alberdi, encontrar el quid, la esencia del pueblo argentino. Pero no se limita a su nacionalidad, sino que indaga en el fenómeno social e histórico, busca la génesis cultural de los pueblos de América.
Su estilo ácido, frontal, polémico, le acarreó no pocos adversarios. No temió a las críticas. Más bien fue desafiante e inquisidor.
Al referirse al poblador de la América del Sur dice:” el hombre americano es pobre las más de las veces porque es vago y holgazán; y no es holgazán por falta de trabajo sino por sobra de alimentos. Educado en la desnudez y privación de ciertas comodidades, no sufre por ello físicamente, gracias a la clemencia del clima. Tiene qué comer y gusta naturalmente del dolce far niente.( “Sistema económico y rentístico, 2da. Parte- parágrafo IV”).
No teme encontrar la causa de estas condiciones en la impronta que España deja en el territorio colonizado. Dice: ”El clima y la herencia española son elementos que justifican nuestra incapacidad. Junto con el clima concurren a producir este estado de cosas, la educación tradicional del pueblo español de raza infelicísima para servir a las necesidades de la industria. Las leyes que han anulado al español peninsular como agente de producción y de riqueza, han obrado doblemente en la anulación del español de Sud-América (“Sistema económico y rentístico”).
Los ingleses emigraron a América en busca de una factoría; los españoles y portugueses en busca de una fortuna. ¿Iban los emigrados a producirla o sólo a recogerla?
No eran obreros los que emigraban. No era la industria lo que reinaba en la Península, sino la espada del cruzado, el altar del sacerdote y el servidor del trono. Los que llegaban eran militares, clérigos, nobles y empleados de la corona.
La riqueza fácil, ya formada, que se obtiene sin la doble pena del trabajo y del ahorro, es la riqueza apetecida por el aventurero, por el noble, por el soldado, por el soberano. ¿Existía esa riqueza en América?
Los americanos, es decir los indios, no eran ricos; el oro y la plata estaban en las entrañas de la tierra y sólo por el trabajo era posible extraerlos. Ese trabajo no fue hecho por los europeos sino por el indio vencido al que sucedió más tarde el negro esclavo, introducido por el blanco europeo.
La riqueza así nacida, no era hija de las virtudes del trabajo y del ahorro. Era hija de la injusticia y de la fuerza: un robo hecho al suelo por un trabajo robado al hombre.
El emigrado europeo no trabajaba; hacía trabajar al vencido esclavizado. El trabajo no se sentía como honorable. Por ello la industria no podía reinar en las colonias españolas de Sud américa.
La distribución y consumo de una riqueza así producida dio lugar a hechos económicos propios de esas sociedades nuevas: hambre y miseria de un lado, opulencia y lujo del otro.

Prohibición del trabajo

Prohibido el trabajo, no había producción ni riqueza. Faltando la producción, no había comercio. Es lo que necesitaba España para asegurar sus colonias. En su idea, el comercio era un peligro de emancipación, tanto de América consigo misma como en el extranjero.
Desde que la producción industrial estaba prohibida por ley, el comercio no tenía razón de ser ni podía existir.
El poblamiento de tales países debía ser lento. Como España misma no abundaba de población, la emigración para américa estaba restringida. La España, pueblo militar y religioso, colonizado el Nuevo Mundo, no cedió a mira alguna económica, ni comercial, ni industrial.
En este orden fue evitado y perseguido el trabajo de toda especie; toda clase de unión con tendencia a crear poder; la instrucción superior; la prensa; la agricultura; la tolerancia religiosa y el cultivo de las ciencias.
Los medios directos de dominación fueron: la división y rivalidad de clases y lugares; el aislamiento con el mundo y de los pueblos americanos entre sí; la inquisición religiosa; la policía; el espionaje; la censura; la ignorancia absoluta; la tutela de los indios; y la sujeción a la gleba (encomiendas).
La verdadera riqueza que los españoles encontraron y explotaron en Sud América fue la raza dócil, pacífica, de los americanos indígenas, que la poblaba. El trabajo de esos pueblos vencidos y esclavizados, no el suelo, fue la causa y origen de la plata y oro que los españoles sacaron de América.
Ese trabajo esclavo edificó las ciudades, templos, palacios, monumentos, fortalezas, murallas, puentes, caminos, acueductos, que fueron asombro de los extranjeros. Pero ese trabajo no era una virtud. Impuesto por la fuerza, el esclavo que trabajaba para sus amos produjo resultados tan desgraciados como él; produjo el rico ocioso y dilapidador; es decir, mató el ahorro en germen, que es otra virtud originaria de la riqueza. Pero lo peor de todo es que deshonró el trabajo como atributo del esclavo.
De ahí nacieron, a la vez, la pobreza, la ociosidad y el lujo como condiciones económicas o antieconómicas de la sociedad creada por los españoles en América.
En otro orden, la industria de los empleos de gobierno pertenece a los países monárquicos y aristocráticos. Ella se estableció en la América del Sud con la nobleza española, que fue su primera población.
A la aristocracia de sangre y de espada seguía la aristocracia de toga: abogados, licenciados, bachilleres, doctores y escribanos. De ahí el amor a los títulos y a los rangos, ese desdén por los trabajos groseros de la agricultura, del pastoreo y del comercio.
El medio más eficaz de mantener a un país en dependencia de otro es mantenerlo pobre. La pobreza es la dependencia, como la riqueza es el poder y el poder la libertad. Mantenerlo pobre es mantenerlo ignorante y ajeno a la inteligencia y uso del trabajo, porque el trabajo es la causa y origen de la riqueza, es decir, del poder.
Cada cual quería ser un señor y vivir como un noble, sin trabajar. Al paso del tiempo, esta costumbre se hizo secular.

Crítica a la educación

La instrucción superior en nuestras Repúblicas fue estéril e inadecuada a nuestras necesidades. ¿Qué han sido nuestros institutos y universidades, de Sud américa, sino fábricas de charlatanismo, de ociosidad, de demagogia y de presunción titulada?
Nuestra juventud debe ser educada en la vida industrial, y para ello ser instruida en las artes y ciencias auxiliares de la industria. El tipo de nuestro hombre sudamericano debe ser formado para vencer al grande y agobiante enemigo de nuestro progreso: el desierto, el atraso material, la naturaleza bruta y primitiva de nuestro continente.
La industria es el gran medio de moralización. Facilitando los medios del vivir, previene el delito, hijo la más de la veces de la miseria y del ocio. En vano llenaréis la inteligencia de la juventud de nociones abstractas sobre religión, si la dejáis ociosa y pobre, y a menos que no la entreguéis a la mendicidad monacal, será arrastrada a la corrupción por el gusto a las comodidades que no puede obtener por falta de medios. España no ha podido llegar a la industria y a la libertad por la simple devoción. La España no ha pecado nunca por impía; pero no le ha bastado eso para escapar de la pobreza, de la corrupción y del despotismo.
Si América tiene por su condición desierta una acción retardatoria, es evidente que por esa misma causa, tiene otra acción más favorable al desarrollo del hombre en sus mejores cualidades de tal.
Así, las peores inmigraciones de la Europa en América, hasta las inmigraciones de criminales, de ignorantes y de corrompidos, se transforman y mejoran por el hecho de pasar a un mundo, en el que sus condiciones de abundancia les impone y les facilita un género de vida más conforme a los buenos instintos naturales de que está dotado todo ser racional y libre.(Obras selectas por J.V. González-1920)

Conclusión

Al promediar el siglo XIX, hubo un hombre ilustrado y crítico, que unió su pensamiento filosófico al criterio práctico de la búsqueda de soluciones reales y concretas. Equivocado o no, su preocupación por el destino promisorio de los pueblos sudamericanos lo llevó a indagar y proyectar soluciones a problemas de fondo que desgraciadamente aún hoy subsisten. Vivió más de cuarenta años en el destierro, pero no por ello estuvo ausente. Alberdi sigue marcando errores y esperando su enmienda.

Bibliografía

El ensayo. Juan bautista Alberdi-Raúl García Orza-Historia de la literatura Argentina- Centro Editor de América Llatina-1980.
Antología del Ensayo Latinoamericano- Sánchez Ternelo  Editor- Colombia-1994
Juan Bautista Alberdi-EPISTOLARIO- 1855-1881, Edición al cuidado de Alfonso Bulnes, de la Academia Chilena- Editorial Andrés Bello-1967
Alberdi y su proyecto de Organización política y jurídica-Jorge Chistian Curto
Imagen de JB Alberdi: www.todo-argentina.net

 

 

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