Por: Héctor Alarcón Carrasco

del Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile

 

El 13 de abril de 1918 el aviador argentino Luis Cenobio Candelaria cruzó la cordillera entre Zapala y Cunco en un modesto avión francés Morane Saulnier Parasol de 80 HP.

Desde los primeros tiempos de la aviación, el hombre luchó en forma permanente por vencer los obstáculos naturales, convirtiéndose el avión en la llave mágica que separaría las barreras que impedían la comunicación entre países y continentes.

El 25 de julio de 1909 el gran Luis Bleriot cruza el Canal de la Mancha, frontera natural entre Francia e Inglaterra y el 23 de septiembre de 1910 el peruano Jorge Chávez logra vencer Los Alpes en un vuelo que le fue fatal.

Estos y otros grandes vuelos tienen su eco en Sudamérica cuando el 1° de diciembre de 1912 el Cabo Pablo Teodoro Fells, conscripto del Ejército argentino realiza el memorable raid Buenos Aires – Montevideo, Montevideo – Buenos Aires, recorriendo una distancia tres veces superior a la efectuada por Bleriot en su famoso cruce del Canal de la Mancha.

El 25 de marzo de 1913, nuestro aviador Clodomiro Figueroa Ponce, en su avión “Caupolicán” de 50 HP realiza el raid Batuco – Valparaíso – Santiago, con una distancia de 300 kilómetros, todo un record en el cono sur de América.

A fines de ese mismo año, será también este aviador, quien inicie la arriesgada empresa de intentar el cruce de Los Andes. En tres intentos fallidos, no exentos de heroísmo, Figueroa sólo logra rasguñar los contrafuertes cordilleranos a tres mil doscientos metros de altura.

Jorge Newbery, en 1914 trató de seguir la ruta histórica de San Martín. Su prematura muerte en las cercanías de Mendoza le impidió cristalizar aquel sueño.

Newbery fue el ideólogo del llamado “Cruce de los Andes en un más pesado que el aire”. Para ello efectuó una serie de estudios, vino dos veces a Chile, se elevó en globo en las cercanías de Colina, pero lamentablemente sus esfuerzos no prosperaron.

En 1916 los aeronautas Eduardo Bradley y José María Zuloaga vencen la cordillera entre Santiago y Mendoza, cruzando los picachos en un globo aerostático con nombre heroico: “Eduardo Newbery”.

Para el centenario de la gloriosa batalla de Chacabuco, el teniente argentino Pedro Zani volverá a intentar el cruce en avión, fracasando gallardamente.

Con los albores de la Primera Guerra Mundial, los cielos del Viejo Mundo se cubren de aviones y mientras los cañones lanzaban sus hostiles andanadas de muerte, la Nueva Arma comenzaba ya a dominar el aire. El avión pretendía imponer su primacía desde el espacio y afincar su permanencia como el arma del siglo XX.

Entretanto, en Sudamérica la aviación se estancaba. Las grandes potencias no enviaban repuestos para el parque aéreo existente en esta parte del globo, sus fábricas producían sólo para sus necesidades bélicas.


Luis Cenobio Candelaria

En la segunda década del siglo, en esta parte del globo se desarrollaba una aviación para la paz, que pugnaba por descubrir nuevos horizontes, perfeccionando a sus hombres en la aviación civil y militar. En este ambiente, el 18 de septiembre de 1917, en la Escuela Militar de Aviación de El Palomar recibe sus alas de piloto el Teniente Luis Cenobio Candelaria.

El brevet siempre fue el mayor impulso que recibieron los pilotos para conquistar los cielos. Así, Candelaria con muy pocas horas de vuelo quiere conquistar el mundo con el avión y su mundo en esos momentos se ubicaba hacia el oeste, donde la gran cordillera de los Andes, maciza e imponente permanecía inalcanzable para los aviadores.

Debido a tan poca experiencia, sus superiores no aprueban la idea. Es demasiado arriesgado para un aviador que recién ha conseguido su brevet.

Como se ha dicho, las altas cumbres frente a Mendoza eran en esos años el punto fijado por Newbery para vencer la Cordillera, por lo que Candelaria realiza intentos para participar con su avión en las celebraciones que realizaría esa ciudad para el Centenario de la Batalla de Maipú, donde naturalmente intentaría realizar el Cruce de Los Andes.

A pesar de una rotunda negativa para efectuar el cruce, se le facilita un Morane Saulnier Parasol de 80 HP, donado en 1915 por las damas mendocinas a la Escuela Militar de Aviación, autorizándole para “entrenarse y conocer la región sur”.

Es así como en abril de 1918 Candelaria llega a Zapala. Ya cree estar en la ruta correcta. Ubicado frente a la montaña concuerda con su mecánico Miguel Soriano la factibilidad de unir Zapala – Temuco por vía aérea.

Dos tentativas fallidas efectúa Candelaria los días 8 y 10 de abril. El viento y la nieve impiden que el avión pueda avanzar, obligándole a regresar a su base.

En horas de la tarde del 13 de abril de 1918, el pequeño Parasol despega finalmente rumbo a un destino incierto. Hacia el vecino pero desconocido país.

El Parasol toma altura, el suave ronroneo de su motor comienza a inquietar la montaña, cuya selva espesa jamás ha visto rendir sus picachos a un ave tan extraña. Sólo cóndores y águilas majestuosas son sus cotidianos invasores.

El Morane se empina por las cumbres y asoma tímidamente su hélice por las alturas de Lonquimay.

Sobrevolando cordones montañosos y bosques impenetrables, Candelaria presiente que el viaje se acerca a su término. Sobrevuela la laguna Galletue y comienza a descender sobrevolando hacia el sur los contrafuertes cordilleranos del sector chileno.

Monumento a Candelaria en Cunco

Monumento al cruce de

Candelaria en Cunco

A lo lejos divisa un pequeño poblado y prepara su Morane para aterrizar sobre un terreno que piensa será el adecuado.

Pero la improvisada pista le juega una mala pasada y una cerca le provoca un brusco capotaje.

Candelaria salió por sus propios medios de los fierros retorcidos del Morane con el corazón henchido de emoción y una alegría que inundaba todo su ser.

Los Andes había rendido por fin su supremacía al avión y si bien el vuelo no se realizó por las altas cumbres, se había dado el primer gran paso para vencerlas.

Hasta el lugar acuden vecinos, quienes le comunican que estaba en Chile, en el poblado de Cunco.

Candelaria había logrado aterrizar en un lugar poco poblado, ya que las nubes y la bruma no le permitieron ubicar siquiera las proximidades de Temuco, lugar que no conocía, ya que nunca había estado antes en el país.

En su libro “Memoria de la travesía del Cruce de los Andes en Aeroplano”, Candelaria deja constancia de la hospitalidad y la cordialidad con que fue tratado desde el primer momento en nuestro país. Los diarios El Austral, de Temuco; El Sur, de Concepción, La Mañana y El Mercurio publicaron interesantes reportajes de la llegada del aviador a Cunco y luego de su desplazamiento a Temuco, donde recién pudo ser entrevistado por la prensa.

El Austral publicó algunas apreciaciones que hacían aparecer al aviador como un espía que al parecer desde el aire había tomado vistas y a lo mejor preparaba informes estratégicos, situación que fue catalogada de inmediato como necedades aldeanas por El Mercurio, lo que sacó ronchas y provocó explicaciones por el medio afectado.

Candelaria se trasladó en tren desde Temuco a la capital, donde en una de las varias manifestaciones que se le ofrecieron tomó contacto con nuestro aviador Dagoberto Godoy, quien en esos meses ya se preparaba para efectuar su vuelo por las altas cumbres hacia Mendoza.

De regreso a su patria se lleva el cariño de los habitantes de la pequeña localidad de Cunco a los cuales ya jamás olvidará. Argentina, su patria, le tributa un recibimiento de héroe.

El 16 de abril de 1919, en vano pretende acompañar al Teniente Armando Cortínez de la aviación militar chilena, en su doble cruce de Los Andes. Convienen en que Cortínez hará el vuelo en homenaje al cruce de Candelaria y éste lo hará en homenaje a Luis Alberto Acevedo, primer mártir de la aviación chilena.

Morane Parasol de 80 Hp

Ya en Santiago, Cortínez no ha olvidado el noble gesto del hermano aviador argentino y de él dirá: “Candelaria es un hombre resuelto, capaz de suplir con su valor y audacia lo que puede faltarle en elementos”.

El espíritu aeronáutico de Candelaria se desmorona cuando un lamentable accidente ecuestre sufrido en 1922 lo imposibilita para seguir volando y con pesar debe alejarse del Ejército Argentino.

Sutiles paisajes cordilleranos cobran vida en las pinturas que comienzan a nacer de su inspiración y un cóndor en vuelo es sólo el fiel reflejo de su odisea.

Tucumán le ve expirar el año 1963. Por expresa voluntad sus restos son sepultados en Zapala y sobre su sencilla tumba se inscribe una fecha llena de remembranzas: 13 de abril de 1918.

Candelaria, ya es integrante de la legión del recuerdo junto a los grandes de la aviación continental.

Confraternidad histórica

El vuelo del Teniente Candelaria nunca fue totalmente olvidado en Cunco, desde que Eustaquio Astudillo, uno de los primeros en llegar al lugar del aterrizaje tomara contacto con el aviador y luego los miembros de la Comunidad Llaima le prestaran la ayuda que escasamente podían brindarle, pero que Candelaria siempre agradeció fraternalmente.

A fines de los años sesenta del siglo pasado Sergio Barriga Kreft, a la sazón Jefe del Aeródromo Maquehue inició una recopilación de antecedentes históricos para determinar si el avión se hallaba en la región (como se comentaba por entonces), llegando hasta Cunco donde estableció que ello no era efectivo –el avión fue despachado en tren a Buenos Aires por el mecánico Miguel Soriano en los días posteriores al aterrizaje–, tomando contacto entre otros con el director del liceo de Cunco profesor Arturo Toro Herrera, a quien pidió que escribiera un relato sobre la presencia del mítico aviador en ese pueblo, sugiriéndole además que así como en Lagunitas se había levantado un monolito en honor al vuelo de Dagoberto Godoy, porqué no se hacía algo similar en Cunco.

El profesor Toro se hizo partícipe de ambas ideas y fue así como un relato pormenorizado de los hechos fue publicado en el número 67 de la revista “Aerodeportes” de Buenos Aires y tiempo más tarde se levantó el monolito que hasta el día de hoy recuerda a Candelaria en la plaza de Cunco.

El año 1998, con motivo de la celebración de los 80 años del cruce realizado por Cenobio Candelaria, se realizó una ceremonia en la plaza de Cunco a la que concurrieron delegaciones de Zapala y diversas autoridades de la Región. En esa oportunidad el Instituto de Investigaciones Histórico-Aeronáuticas de Chile colocó en el monolito una placa en la que se recuerdan las palabras del aviador transandino:

“Hago votos por que los bravos y decididos pilotos de éste y del otro lado de Los Andes quieran aceptar la ardua y honrosa tarea de establecer, por sobre la cordillera, una corriente segura de intereses y afectos para bien de las dos patrias y modelo de fraternidad para todo el universo”.

Tumba de Candelaria en Zapala

 

 

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