Recordando al Gral. José de San Martín  

 

 

SAN MARTÍN Y LA CULTURA

 

Desde Neuquén Escribe: Lidia Cristina Lacava

Profesora en Filosofía

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Cada año en el país, se conmemora el fallecimiento del General José Francisco de San Martín y es muy común citarlo como guerrero, gobernante y como estratega máximo de la Independencia Americana. Pero no se debe olvidar, que sufrió a temprana hora, la muerte de su compañera Doña Remedios de Escalada; que también fue un padre ejemplar y además un ferviente entusiasta de las diversas artes que la vida le permitía ejercer.

Cabe aquí citar aspectos poco difundidos de su personalidad y acción.

Junto a la de guerrero, libertador y conductor por esencia, convivieron con su carácter, preocupaciones y tendencias que lo muestran como un hombre no sólo culto, sino también interesado por compartir con sus semejantes, el amor por el trabajo manual, la naturaleza, la lectura y las artes en general.

El ideario humanista se advierte en documentos, cartas, decretos entre otros dejados como fiel testigo de su hacer. Un marcado interés por la elevación social y económica de las masas populares, lo llevaba a procurar su mejor trato e ilustración por medio del estudio.

En Mendoza y en Santiago de Chile se interesó por los establecimientos educativos en la primera y por la creación de una biblioteca en la segunda. Luego del triunfo de Chacabuco, el Cabildo de Santiago obsequió al General, la suma de diez mil pesos. El héroe declinó el regalo y solicitó al ayuntamiento que lo destinara a fundar una biblioteca nacional, para que el pueblo se “ilustre en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres”.

En Lima existía la Universidad de San Marcos, pero se carecía de biblioteca pública. San Martín decreta su fundación el 28 de agosto de 1821 y señala que su inauguración será el 17 de septiembre, sobre la base de la particular del Protector, la que éste donaba a tal fin.

 

 

“La librería” como denominaba al conjunto donado, que estaba guardado en once cajones con catálogos e inventarios escritos de puño y letra por su dueño, lo acompañó por Londres, Cádiz, Mendoza, Santiago y Lima. Los títulos y materias son tan variados como lúcida y ávida la mente de su lector. La mayoría de las obras están escritas en castellano y francés. Menor cantidad en portugués e inglés. La completan además, numerosos mapas geográficos y cartas marinas, varios atlas, planos, láminas y más de un centenar de cuadernos con apuntes. Pasan de setecientos setenta volúmenes.

Respecto a las artes, es sabido que tuvo como maestro de guitarra a Fernando Sor (1778-1839). Solía entremezclarse con sus soldados e interpretar alguna que otra obra para descanso de todos, en aquellas noches de vigilia próximas a un combate.

De su afición a la pintura de acuarelas quedan como ejemplo los originales que se encuentran en el Museo Histórico Nacional. También acostumbraba pintar abanicos, que obsequiaba a sus amigos en el ostracismo. Completaba su tiempo con la horticultura y la carpintería.

Esta habilidad fue heredada por su hija Mercedes, quien dejó un retrato del prócer anciano.

Una curiosidad permanente por adelantos y descubrimientos de su época lo lleva a conocer al padre de la Homeopatía: Hahnemann. Dadas sus dolencias en la que se citan: gota, úlcera gástrica, proctopatía, asma, náuseas y vómitos de sangre se habría medicado con Opium (opio tratado homeopáticamente). Las enfermedades citadas en un artículo por el Dr. Néstor Bonomi en la revista de la Asociación Homeopática Argentina, muestran al Opium como el medicamento ideal para el tratamiento de estas dolencias. En otras palabras, casi todo lo que el Gral. San Martín padecía queda a cubierto por este sólo medicamento. Esto demostraría que el Prócer no consumía opio, ya que éste embota los sentidos y oscurece la inteligencia. Su lucidez, energía vital y autodominio no lo demuestran como opiómano. Cabe agregar que a sus soldados les indicaba el uso de este tipo de medicina y de hecho, muchos siguieron sus indicaciones. En el Museo Gral. San Martín de Mendoza se guarda el botiquín homeopático que lo acompañó a lo largo de su vida.

 

Hombre adelantado a su tiempo, mente lúcida abierta a lo nuevo, criterio solidario para con sus semejantes, amor por la naturaleza y las artes y por si esto fuera poco, guerrero admirable y altruista. José de San Martín fue más que un bronce solemne. José de San Martín es más que el inerte recuerdo de un 17 de agosto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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