Emilio Castro, Aviador pionero de la Aviación Huasa

Emilio Castro Ramírez, nació en 1871 en el fundo San Gabriel de la Comuna de San Clemente en las cercanías de Talca. Fue uno de los pioneros de la aviación nacional. Sin embargo su característica de provinciano lo ha privado del homenaje y el reconocimiento público por su labor desarrollada junto a Clodomiro Figueroa, David Fuentes, Luis Omar Page, los hermanos Copetta y otros pilotos civiles de esa época.

 

Al igual que los nombrados y el malogrado Luis Alberto Acevedo, de quien era amigo, Castro se dirigió a Francia haciendo uso de sus ahorros para poder optar al brevet que le permitiría poder volar por los cielos de su amada patria.

Con sus juveniles 22 años a cuestas, partió en barco rumbo a Francia y ya en París se hospedó en el hotel “Monopole”, donde le dieron pieza por cinco francos diarios.

Luego de recorrer diversas escuelas se decidió por ingresar a la más ponderada de todas: la Escuela Bleriot, que estaba ubicada en el campo de Büc, cerca de Versailles.

Su curso duró cuatro meses entre junio y septiembre. Muchos años más tarde Emilio Castro recordaba que Bleriot era director y piloto de la escuela, en la que cursaban alumnos de todas las nacionalidades, quienes llegaban atraídos por la fama del personaje que aparte de ser constructor de aviones, había logrado atravesar por primera vez el Canal de la Mancha en un frágil avión de su construcción.

Antes de ingresar al curso Castro recorrió las escuelas Farman, contigua a la Bleriot; Breguet; Sánchez Besa; Morán Saunier y varias otras, decidiéndose finalmente por la que a él le daba mayores posibilidades de aprendizaje.

Los miembros del Ejército chileno que estudiaban en Francia estaban distribuidos en diversas escuelas. Sólo Casarino estudiaba en la Bleriot, siendo compañero de Castro. En otras se hallaban los tenientes Contreras, Bello y Ponce y los sargentos Menadier y Verscheure.

Bleriot era ingeniero, director y piloto de su Escuela. En su establecimiento cursaban alumnos de todas las nacionalidades.

En una entrevista para “Vea” en Concepción, el año 1968, con motivo de cumplirse los 56 años del fallecimiento del aviador Luis Alberto Acevedo en aguas del Bío Bío, don Emilio recordaba:

“El instructor que teníamos en Francia no había volado jamás. Sin embargo todos lo respetábamos porque era, sin duda, un técnico excelente y un extraordinario conocedor de los aviones y su manejo teórico. Los aviones eran monoplaza y todavía no tenían cabina cerrada. El instructor nos explicaba así el funcionamiento del aparato: Tome esta palanca y con la otra mano abra el gas. Esto es para subir y esto es para virar. Ahora trate de volar… lo demás corría por nuestra cuenta”.

Pero también tenía su buena participación la fortuna. Se necesitaba suerte para que el motor funcionara como debía y mucho dominio para despegar y mantenerse en el aire. Se necesitaba más que suerte para que el viento no estrellara la máquina contra un árbol o una casa. Cada vuelo era poco menos que una hazaña.

Fue así como en el mes de septiembre de 1913, nuestro aviador de la tierra huasa, se convertía en pionero de la actividad aérea, al rendir sin contratiempos su examen ante una comisión del Aero Club de Francia, e integrada por el prestigioso aviador francés Luis Bleriot.

Para un hombre de la zona central, que está llena de tradiciones y donde los 18 de septiembre se celebran como corresponde con harto tinto, empanadas y unos buenos pie de cueca, resultó bastante emocionante pasar unas fiestas patrias en París. Al respecto recordaba: “Ese día 18 nos reunimos frente a nuestra Legación los chilenos. Nos sentamos en la vereda, frente al edificio y con emoción contemplamos nuestra bandera de la estrella solitaria. Nos miramos emocionados y nos dimos cuenta que estábamos llorando. Después fuimos a almorzar juntos y allí nuevamente el recuerdo de la patria: ricas empanadas y una rica cazuela a la chilena”.

Castro regresó a Chile a fines de septiembre de 1913. A su paso por Buenos Aires se encontró con su amigo y compatriota Alberto Feller, con quien durante algunos días recorrió la metrópoli, regresando posteriormente al país.

Clodomiro Figueroa y Emilio Castro

Así, este nuevo aviador volvía a su tierra con un brillante brevet, pero sin tener un avión con el cual demostrar sus conocimientos adquiridos en el viejo mundo.

Por lo pronto tomó contacto con Clodomiro Figueroa, quien había montado un taller de reparaciones de aeroplanos en la calle Almirante Barroso y por aquellos días terminaba de construir la copia de un Bleriot de 50 HP, el que fue armado con los restos del avión “Caupolicán”, incendiado en un tren durante una gira al norte, al que se le agregó el motor Gnome de 50 HP adquirido por Figueroa en Lima a los hermanos Rapini, el que había pertenecido al Bleriot “Caroline” destruido por Miguel Rapini en Viña del Mar durante su gira por Chile.

Ese fue el origen del avión “Lautaro”, un injerto a la chilena, como otros que hicieron Figueroa y otros pioneros, el que vendió al nuevo e impetuoso aviador en la suma de veinte mil pesos, los que Castro pagó gustoso ya que podría iniciar a la brevedad sus vuelos en el país.

Con su máquina a punto Castro pudo efectuar su primer vuelo en tierras chilenas en su querida ciudad de Talca, donde fue recibido como correspondía a un hijo de ese terruño, con una gran cantidad de gente que se interesó por verlo volar y con una prensa que le brindó grandes elogios.

Castro fue un aviador bastante profesional. No se le conoce ningún accidente importante durante su carrera, especialmente en sus comienzos demostró seguridad y pericia tras los mandos del “Lautaro”, lo que motivó que Clodomiro Figueroa decidiera efectuar vuelos en Santiago y distintas partes del país junto al nuevo piloto.

En mayo de 1914 ambos aviadores se presentaron en la capital efectuando vuelos combinados en el parque Cousiño, motivando el natural jolgorio de los espectadores que por primera vez veían dos aviones en vuelo efectuando distintas evoluciones casi a ras de suelo.

Luego de esta presentación la dupla se embarca hacia el norte en Valparaíso, van a volar Castro en Coquimbo, La Serena, Ovalle y Mejillones, en tanto Figueroa lo hará en las oficinas salitreras.

El 26 de julio los aviadores se reúnen en Antofagasta con el fin de hacer una nueva presentación de vuelo combinado, la que resultó todo un éxito desde el punto de vista aeronáutico, sin embargo la taquilla fue demasiado escasa, debido a que gran parte del público prefirió ver el espectáculo desde los cerros.

Los primeros días de agosto Castro se dirige a Mejillones donde efectuó varias exhibiciones con bastante éxito. El 9 de agosto efectuó el raid Mejillones – Antofagasta, cubriendo la distancia entre ambas ciudades en 55 minutos y a más de mil metros de altura.

Luego de haber volado en el norte en forma bastante decorosa, vuelve a sus tierras de San Clemente y desde ahí realiza vuelos por las ciudades de Talca y Linares.

Era Lautaro un pueblo más de La Frontera donde por aquellos años sólo el ferrocarril atravesaba la naciente ciudad y muchos no conocían un automóvil, menos un avión, por lo que aquella volación anunciada por los aviadores Clodomiro Figueroa y Emilio Castro era para la ciudadanía algo que debía quedar en la retina para comentarlo con los nietos y fue así como ese día 20 de diciembre de 1914, cuando los cañones tronaban en Europa y los soldados morían por miles en las trincheras con motivo de la Gran Guerra, acá en el corazón de La Frontera dos chilenos montados en sus máquinas voladoras maravillaban a una población ávida de conocer las nuevas destrezas de la mecánica aérea.

Previamente se había anunciado el bautizo del avión de Castro con el nombre de “Lautaro”, ya que como se ha dicho don Cloro era tan chilenazo que quiso que fuera en este mismo pueblo donde se cumpliera con el rito religioso que le daría el nombre propio a la máquina creada por él y que integraba con el “Caupolican”, “Fresia y “Tucapel” la flota aérea de su construcción.

Las madrinas fueron doña Laura Guillén de Gacitúa, esposa de Anibal Gacitúa, Comandante de la Guarnición, Amelia de Sandoval, esposa del Alcalde Pedro Sandoval y Luisa de Voigt.

Luego del bautizo los aviadores ofrecieron a los lautarinos la posibilidad de acompañarlos, pero sólo el ciudadano Manuel Iturriaga se atrevió a volar en el “Lautaro” hábilmente maniobrado por Emilio Castro.

Algunas anécdotas

En uno de estos vuelos por los alrededores de San Javier, tuvo necesidad de hacer un aterrizaje de emergencia, logrando tocar tierra sin novedad, don Emilio se bajó del “Lautaro” para pedir ayuda y pronto varios huasos bastante sorprendidos y asustados llegaron hasta el lugar. De pronto uno de ellos gritó: ¡Qué ave tan grande y sin plumas, trae un hombre adentro!

En 1915 durante algunas presentaciones en el Parque Cousiño, los aviadores revisaban sus máquinas antes de despegar. Como era natural el público curioso se agrupaba en torno a los aviones entre cuyas personas había una ventera de mote con huesillos que se había ganado demasiado cerca con su mercadería.

-“Señora hágase a un lado con su venta; pues con el viento de la hélice la voy a botar.

-Miren que “jutre” –contestó- ¡Qué le han dicho! Botarme con su matapiojo – Y se quedó muy tranquila en el mismo lugar.

La hélice comenzó a girar y el avión emprendió el vuelo. Al pasar frente al puesto de la motera se volcó la mesa y mote y huesillos volaron por los aires, mientras la dama aterrizaba en el suelo con toda su voluminosa humanidad. Luego sus amigos le comentaban que en ese momento ella gritaba:

“Jutre” condenao… me diste “güelta” los huesillos… Te seguiré hasta la puerta del infierno… más tarde, ya tranquilizada, decía:

-Salió diablo el matapiojo…”

Emilio Castro solía recordar la época pionera de la aviación en nuestro país, de la que él fue parte importante: ¡No me explico cómo podíamos sostenernos en el air!. ¡Eran tan frágiles!, de escasa velocidad, con poca fuerza. Volábamos sin ningún instrumento, ni siquiera teníamos brújula.

En esos años los aviadores civiles hacían presentaciones o volaciones, como se les llamaba, con entrada pagada para mantener los gastos combustible y conservación de las máquinas. Castro no se separaba de su “Lautaro”. Fue su primer y único avión el que a pesar de sus escasos 50 HP nunca lo dejó feo en alguna actuación. Con el realizaba acrobacias como la hoja seca, tirabuzones, virajes y otras pruebas básicas que temerariamente los aviadores de aquella lejana época realizaban en ese tipo de aviones.

Un raid para el recuerdo

Por aquellos años los aviadores tenían un gran aliado para desplazarse por los campos: la línea del ferrocarril. En una ocasión Castro anunció un raid entre Chillán y Talca, para aterrizar en los terrenos de la Escuela Agrícola de esa ciudad. Numeroso público llegó a esperar el avión a las seis de la tarde. El vuelo en el “Lautaro” se desarrolló sin novedad hasta Linares, con viento favorable, lo que cooperaba con la velocidad. Al pasar la estación de los ferrocarriles existía una curva y sin darse cuenta el aviador siguió de largo por la vía a Colbún internándose en la cordillera, hasta que se le acabó la línea férrea y llegó a Queri. Entonces se percató que se había equivocado de ruta, por lo que enfiló hacia el norte y se orientó al reconocer los cerros de Camarico. Como quedaba poca bencina y el viento lo tendría en contra si regresaba a Talca, decidió continuar hasta Curicó, donde aterrizó oscureciendo y casi sin bencina. Fue así como un raid culminar en los 180 kms. se prolongó por alrededor de 80 kmt. más, con un buen resultado para nuestro aviador.

Castro y Figueroa se encuentran nuevamente en Santiago para el 12 de octubre, realizando una nueva presentación a la que se les unió Luis Omar Page, resultando ésta un nuevo éxito para los tres pilotos quienes entregaron al público una demostración de pericia y acrobacias aéreas.

El 1° de enero de 1915 tuvo lugar el primer concurso de aviación organizado por el Aero Club de Chile, cuya partida se programó en el aeródromo de la Escuela de Aeronáutica Militar de Lo Espejo.

En las pruebas participaron ocho de los mejores pilotos de la Escuela y seis civiles entre los que se contaban Armando Castro, Clodomiro Figueroa, David Fuentes Luis Page, Eduardo Molina y Armando Urzúa.

Castro participó en la prueba de aterrizaje de precisión, logrando quedar a 111 metros del centro, lo que no le dio opción para optar a un premio. No obstante debemos decir que a pesar de que la prueba fue ganada por los pilotos militares, teniente Tucapel Ponce y sargento Eleodoro Rojas, cinco de ellos fueron descalificados.

El día 15 de enero se efectuó la ceremonia de premiación del concurso en el Teatro Santiago, a la que acudieron el directorio del Aeroclub y de la Escuela de Aeronáutica y los participantes de la competencia. Allí recibieron sus premios los ganadores del circuito de 45 kilómetros Luis Omar Page y el sargento Eleodoro Rojas. En tanto en la prueba por aterrizaje de precisión los premios fueron para el teniente Tucapel Ponce y el sargento Rojas. Todos los participantes recibieron una medalla de oro conmemorativa de la competencia.

Aventura magallánica

El historiador Alberto Fernández Donoso, en su obra “La Aviación en Magallanes”, nos recuerda que un día 6 de octubre de 1916 a bordo del vapor “Chiloé” llegaban a Punta Arenas los aviadores Emilio Castro, David Fuentes y el mecánico Alfredo Vidal, llevando consigo el monoplano “Talcahuano”, de propiedad del aviador Fuentes, un Bleriot de 80 HP, biplaza con el que habían realizado una gira por el sur del país, la que esperaban terminar con la participación en un gran concurso que tendría lugar en Río de Janeiro al año siguiente.

Durante su permanencia estuvieron hospedados en el hotel France, desde donde atendían los contactos con la prensa, planificaban sus operaciones y vendían boletos para quienes se interesaran en participar en los vuelos que realizarían por la ciudad y sus alrededores.

Luego de que prominentes personajes conocieran Punta Arenas desde el aire, Fuentes decidió hacer un vuelo a Porvenir, lo que significaba que por primera vez el Estrecho sería cruzado en vuelo por un avión.

Recolectados los fondos necesarios, Emilio Castro fue designado como avanzada del proyecto, debiendo trasladarse a Porvenir para estudiar el mejor lugar para el aterrizaje, quien en poco tiempo preparó una improvisada pista en Punta Chilota.

De acuerdo a lo conversado Fuentes iría en el primer viaje con Edgardo Von Schroeders comandante del “Meteoro”. De regreso pilotearía Emilio Castro trayendo al capitán Carlos Cruz.

Ante un fallido intento por las condiciones climáticas del día 27, finalmente el día 1° el Talcahuano despegaba rumbo al sur llevando a Fuentes en los comandos y al capitán Cruz como pasajero.

Pasados 23 minutos de vuelo bastante arrachados, Fuentes logró aterrizar en una pampa cercana al lugar que le había preparado Castro. Como información debemos decir que sólo 18 minutos había durado la travesía de orilla a orilla.

Verificado el aterrizaje el aviador y sus acompañantes fueron recibidos como héroes por la población de Porvenir, lo que incitó a Fuentes a realizar algunos vuelos de demostración, pero el corte de uno de los tirantes de gobierno imposibilitó todo intento de volver a remontarse por los cielos de Porvenir.

En Punta Arenas la noticia se supo sólo al día siguiente por su publicación en “El Comercio”, pero de los aviadores no había indicios, por lo que el día 3 fue enviado a Porvenir el vapor “Eduardo” para requerir información, el que regresó al día siguiente con Fuentes, Castro, Vidal y el glorioso “Talcahuano”.

Luego de algunos días en Punta Arenas, el 11 de noviembre los aviadores embarcaron el avión en el transporte Casma y ponían rumbo al norte en búsqueda de nuevas y vibrantes aventuras aéreas.

En 1919 David Fuentes realiza vuelos por la Provincia de Bío Bío acompañado de Emilio Castro, con quien se presenta en varios pueblos de la provincia de Bío Bío. En circunstancias que se encontraban en el cercano pueblo de Mulchén, donde habían llegado invitados por amigos, deciden dirigirse a Collipulli para intentar una travesía bajo el viaducto del Malleco.

Durante varios días, con la cooperación de autoridades locales, procedió a preparar un espacio reducido entre una maraña de cables telefónicos y telegráficos que atravesaban el viaducto, marcando una ruta con trapos blancos que le permitirían realizar el vuelo sin inconvenientes.

En la madrugada del día 4 de diciembre de 1919, Fuentes se elevó desde Collipulli, conduciendo como pasajero a Castro y ante la intensa expectación del público reunido en los alrededores del puente, tomó el lecho del río, de oriente a poniente, cruzando bajo el arco principal, con toda felicidad.

Al descender en Collipulli, después de esta magnífica proeza, Fuentes y Castro fueron felicitados efusivamente por los presentes y conducidos al Club del pueblo, donde alrededor de una botella de champaña se celebró el resultado del vuelo cumplido por los aviadores.

Oficial de Reserva

En 1920 Con motivo de la movilización al norte de la 1ª División de Ejército y la 1ª Escuadrilla de Aviación, se organizó en la Escuela de Aviación un curso de aspirantes a oficiales de reserva, con el fin de aumentar la cantidad de aviadores que se habrían requerido en caso de producirse un conflicto bélico entre Chile y Perú.

El 11 de agosto de 1920 los capitanes David Aracena y Dagoberto Godoy tomaron los exámenes a los interesados, seleccionando a veinte aspirantes.

Entre ellos se contaban los aviadores civiles Clodomiro Figueroa, David Fuentes quien ya era oficial de reserva y tenía el grado de teniente 2° y Emilio Castro.

Como se trataba de un curso especial, éste duro pocos meses, no obstante los aspirantes recibieron instrucción sobre radiotelegrafía, fotografía aeronáutica y tiro.

El 10 de octubre con motivo de la bendición de un estandarte obsequiado a la Escuela, se programó una ceremonia oficial a la que fueron invitados el Presidente Electo Arturo Alessandri, su esposa, el Arzobispo de Santiago Crescente Errázuriz y otras personalidades de la política y el gobierno nacional.

En esa oportunidad los aspirantes realizaron la ceremonia de Juramento a la Bandera, cuya alocución estuvo a cargo del director de la Escuela Florencio Mesa Torres.

Posteriormente fueron sacados a la cancha cuatro aviones a cargo del capitán Armando Castro en un Avro de 110 HP; el Mayor inglés Víctor Huston en Scout y los aspirantes Emilio Castro y Clodomiro Figueroa en Bleriot quienes efectuaron evoluciones sobre el aeródromo, dando término con ello a la ceremonia.

El 6 de noviembre de ese mismo año tuvo lugar el egreso del Curso de Aspirantes, los que fueron despedidos con un almuerzo de camaradería en el casino de la Escuela. Para Castro el curso fue bastante fructífero, ya que no obstante haber ingresado siendo un buen aviador, logró obtener la tercera antigüedad entre sus veinte compañeros, lo que naturalmente lo dejó muy satisfecho.

Los aviones Bleriot dejaron de volar a principios de los años 20. Así David Fuentes, Emilio Castro y los hermanos Copetta dejaron de lado sus “engendros” mientras Luis Omar Page conquistaba lauros en Francia y España como piloto de pruebas.

Sólo Clodomiro Figueroa se negaba a dejar sus viejos aviones y se mantuvo algunos años más trabajando como mecánico en la Maestranza de la Escuela de Aviación, algo similar pasaba con César Copetta, quien falleció años más tarde cuando probaba un avión al que le había efectuado algunos arreglos no autorizadas por el constructor.

En agosto de 1944 el Senado de la República quiso premiar el esfuerzo de los aviadores pioneros y fue así como Luis Omar Page, David Fuentes y Clodomiro Figueroa recibieron sus despachos de Capitán de Bandada de la Fuerza Aérea de Chile, por los servicios prestados a la aviación nacional.

Como puede verse en estos reconocimientos no estuvo el nombre del aviador talquino, por lo que el año 1954 el diputado por Talca Guillermo Donoso, presentó una moción para solucionar el olvido en que había quedado el ilustre pionero y fue así como se dictó la Ley N° 10.365, mediante la que se le nombró Capitán de Bandada, ascendiendo posteriormente hasta el grado de coronel.

 

Tags: , ,

Comentarios

GUILLERMO ELOZ (1940)  “SUEÑOS Y MEMORIAS”

  Hemos tenido oportunidad de leer Sueños y Memorias, de este autor de La Araucanía y más directamente de la […]

LA TRILOGÍA HISTÓRICA DE “CAGTEN EDICIONES”

En momentos en que la historia comienza a ser reconocida y leída por la ciudadanía, Cagtén Ediciones se ha preocupado […]

Mori y Huidobro,  presentados en Lautaro por académicos de Artes UC.

La nota que recibimos del Centro Cultural de Lautaro invitaba al lanzamiento del libro “Camilo Mori”, de los académicos de […]

Wellington Rojas y “El bosque de los vocablos”

  Libros y autores de La Frontera Casi un centenar de autores son retratados en las páginas de este libro, […]

Lautaro recuerda al gran Toqui a los 460 años de su muerte

  Municipio lautarino organizo celebración de recuerdo del  gran luchador mapuche, muerto en la batalla de Mataquito el 29 de […]

Cuentos de Lidia Cristina Lacava

  Desde Neuquén, nuestra amiga Lidia Cristina Lacava nos ha enviado este interesante material literario, que hoy damos a conocer […]