Heriberto Rojas, Primer “Peso Pesado” del Box Nacional

Para hablar de los comienzos del box debemos remontarnos a fines del siglo XIX, cuando todavía la bahía de Valparaíso estaba poblada de veleros y en sus cubiertas viajaban aventureros, jugadores y una serie de personajes que se movían de un país a otro buscando nuevas formas de vida.

Dicen que el box llegó en esos veleros a nuestro primer puerto, aunque es de justicia decir que por 1880 había algunos militares que ya practicaban esta destreza física en nuestro ejército, claro que lo hacían a mano pelada o cuando mucho con algún vendaje que cubría los nudillos solamente.

Barcos ingleses y norteamericanos trajeron los primeros boxeadores y se recuerda que en la calle Salvador Donoso existía un bodegón conocido como “Skating Ring”, allí tuvo lugar la primera pelea anunciada y con público. Por supuesto no fueron chilenos los contrincantes. Uno era el recio Tom Wilson y su oponente el negro Franck Jones. 150 Personas que pagaron cinco pesos cada una repletaron el local. En el centro de la pista se ubicó un ring, cuyo cuadrilátero fue cubierto con aserrín para proteger a los contendores; un débil chonchón a parafina era toda la iluminación.

Problemas con la policía que quiso impedir el combate obligó a contendientes y espectadores a encerrarse en el local. Como Wilson no se presentara al combate, fue reemplazado por Joe Daly, un inglés trotamundos que traía un buen currículum boxístico de su país natal. Daly ganó la pelea, concediendo días más tarde la revancha en el bodegón del “Huaso González”(actual Plaza O”Higgins). Por esa noche se suspendieron las cuecas y el ponche en culén para dar lugar a un nutrido espectáculo de ganchos y chopazos en que Daly nuevamente resultó vencedor.

Así, el box comenzó a hacerse conocido y en poco tiempo estaba en el gran Santiago donde el público ya lo tenía entre sus deportes favoritos a comienzo del Siglo XX. Junto con Daly destacaba el chileno Juan Budinich, que había peleado en Estados Unidos y donde años más tarde volvió convertido en maestro de box, llegando a ser profesor de este deporte en la misma universidad de Columbia, según recuerdan añejos recortes de diario de la época.

Heriberto al ring

En agosto de 1903 la sexta comisaría de Policía abría un curso de box a cargo del maestro Budinich, entre cuyos integrantes sobresalían claramente los guardianes Juan Concha y Heriberto Rojas, quienes a decir de los policiales de esa unidad iban saliendo tan peines pa’ los puñetes, que en poco tiempo se la iban a ganar al mismo maestro.

Al año siguiente el maestro Budinich inscribió a sus dos pupilos en un gran match de box que se realizó en el Club Atlético, el que funcionaba en lo que hoy es Prat con Alonso Ovalle. En este match se peleaba por primera vez el campeonato de Chile, en el que se había inscrito algunos maestros de box como Horacio Macuer, Ramón Burgos y el maestro Pertuiset.

Los primeros campeones

Luego de los preliminares se dio inicio a la segunda parte con un combate de boxing lightweight, entre Juan Concha y el profesor Horacio Macuer . En los tres primeros asaltos las acciones estaban parejas, pero en el cuarto Concha entró con todo y logró derribar a su rival, adjudicándose la victoria y por lo tanto el título de campeón.

A continuación Rojas subió al ring, pero su contendor el señor Pertuiset, tal vez viendo la recia estampa del colchagüino adujo estar enfermo de un pie y no se presentó al combate. Como correspondía Rojas fue considerado ganador y luego de recibir su premio, desde el ring desafió a cualquier profesional o maestro que quisiera disputarle su título.

Talla de Campeón

Hacia 1905, como se ha dicho, el box era el deporte de moda. A las justas deportivas asistían desde aristócratas de rancios linajes hasta cargadores y carreteros de las inmediaciones del Mapocho, provocando un verdadero delirio entre los asistentes los combates que se realizaban en los diversos ring de la capital.

Poseedor del título nacional de los pesados, Rojas necesitaba demostrar su valía y esto sólo podía hacerlo ante un rival que fuera un boxeador nato. Por tal motivo se le programó un combate con el boxeador de color James Perry, un norteamericano que lo sobrepasaba en peso y estatura, poseedor además de una vieja escuela de box, con un burlesco y desconcertador juego de piernas que le daban el sello de un profesional notable. Además de esas cualidades aventajaba a Rojas en 10 kilos y aunque se contaba con la anuencia del chileno, hubo protestas previas que amenazaban con suspender el combate.

El criollo con una formación reciente y sin mayor experiencia boxística, tenía sin embargo un gran empuje, no en vano había trabajado en las salitreras del
norte antes de entrar a la policía. Con sus 21 años de sana juventud dedicada al deporte; 80 kilos de peso, talla mediana, de vigorosa musculatura, ágil, valiente y de muy firmes piernas, pegaba muy reciamente en los entrenamientos a que lo sometía su entrenador.

Era Rojas un colchagüino de tomo y lomo. Había nacido en Pumanque el 26 de febrero de 1884 y su viaje a la capital fue con el único afán de integrarse a la policía; lo del box fue pura coincidencia, todo ello fruto de la fuerza que demostraba poseer.

Rojas Vs. Perry

La pelea fue acordada a finish, ya que siendo Rojas el campeón chileno, necesariamente debería haber un vencedor y un vencido.
Eran las cuatro de la tarde con doce minutos del día 13 de agosto de 1905 cuando en el frontón del Club Atlético se oyó el primer “time” del “time-speaker”. Rojas ocupó el centro del ring a cuyo alrededor Perry inició una lenta y tenaz persecución, doblando mucho el tronco, buscando el golpe maestro, formidable, que el público veía venir con angustia. Rojas comienza a castigarle el rostro con la izquierda, con golpes simultáneos, rapidísimos, que hacen brincar al respetable. Perry intenta varios swing, que Rojas esquiva con gran habilidad, situación que provoca molestias a su adversario.

Así transcurren los primeros seis rounds en que Rojas golpeaba directamente a la cara de su rival. En el 7° Perry asesta varios golpes bajos que motivan la intervención del jurado. Esto enardece al público que gritaba y aplaudía de pie al campeón nacional.

La superioridad de rojas se hace evidente en los próximos rounds. Perry no logra conectar sus ganchos al estómago que tan buenos resultados le han dado en otras peleas. En el 12° Perry cae ocho veces a la lona y otras tantas vuelve a levantarse para seguir la acción.

En el 13° Perry sale rehecho de su rincón, pero Rojas lo golpea rudamente y a la primera caída ya apenas mueve la cabeza. Rápidamente su second tira la esponja (como se usaba en esa época), declarándolo derrotado. El público no cabe en sí de alborozo, arrojando dinero y más dinero sobre el ring (común en esos años), mientras Rojas era paseado en hombros en el extenso local.

Un ídolo del box

A partir de ese momento Rojas pasará a transformarse en un ídolo de la afición; eran los años en que el box tenía seguidores en todas las clases sociales; don Agustín Edwards, conocido hombre de negocios tomaba clases con el profesor Horacio Macuer en su residencia de Viña del Mar y numerosos personajes concurrían periódicamente a las academias de boxeo que funcionaban en Santiago y Valparaíso.

Nuevos encuentros van ratificando la calidad boxística de Rojas, no más de dos por año, ya con mayor experiencia se dedica a dar clases de box.
Según recuerda el desaparecido periodista Renato González –Mr. Huifa- en su libro El Boxeo en Chile, que muy pronto fueron apareciendo rivales de provincia que habían sido declarados campeones locales en sus pueblos y que pretendían conquistar fama venciendo al ídolo Metropolitano. De Concepción, Valparaíso, Talca, Chillán y hasta de Temuco, de donde viajó Pablo Fuentes. Pero ninguno fue rival para el boxeador-policía que los noqueó a todos con facilidad.

Por esos años apareció en la escena nacional un escocés llamado Kid Mitchell, quien antes de medirse con nuestro campeón se jactaba por la prensa que Rojas tendría que vérselas no con un muñeco, sino con hombre en todo el apogeo de sus fuerzas. La pelea se pactó a finish con un premio único de seis mil pesos y en el contrato se estableció que se pelearía bajo las normas del marqués de Queensberry (reglas básicas del boxeo moderno), con guantes de cuatro onzas prohibiéndose terminantemente el uso de vendas, el ring sería de 24 pies y los boxeadores podrían golpearse inmediatamente después del break off. Parece que Mitchell no estaba en todo el apogeo de sus fuerzas porque nuestro campeón terminó con él noqueándolo al 2° round.

Campeón Sudamericano

Difícil resulta precisar la fecha exacta en que a Rojas se le concede el título de Campeón Sudamericano. Pareciera ser que junto con ganarle a Perry o en alguna pelea posterior se le otorgó el referido título, que con seguridad debe haber ostentado alguno de los boxeadores llegados en esos años al puerto de Valparaíso.

La revista porteña “Sport y Variedades”, en su edición del 2 de noviembre de 1907 consigna un desafío por parte del campeón boer Jorge Wernich, el que solicitando un finish con Rojas dice: Yo he venido desde lejanas tierras a probar mis puños con e titulado Campeón de Sudamérica pero ya va medio mes y el señor Rojas no se digna contestar. En publicaciones posteriores tanto de diarios como de revistas deportivas, se le denomina expresamente como Campeón Sudamericano.

La pelea más corta

Luego de sus primeros combates, Rojas era ya un hombre de cartel. Los boxeadores foráneos que querían combatir con él tenían que hacer una exhibición previa de sus facultades. Así fueron cayendo en la lid Thomas Dunn, Paddy Mc Carthy, Jack Palmer y el maestro Santiago Jacquier, al que noqueó con una derecha que lo lanzó fuera del ring, dejándolo inconsciente durante varias horas. La Policía debió intervenir, deteniendo a Rojas el que sólo quedo libre una vez repuesto su rival.

El 1° de julio de 1907, Rojas se enfrenta con Charles Kelly en el teatro Arturo Prat. Este finish tuvo como jurados a jóvenes de la más rancia aristocracia criolla, sus nombres: Enrique Matte, Ramón Corbalán, José Balmaceda y Arturo Alessandri Palma, ya político de nota en esa época, Carlos Ward, del mismo grupo fue designado referee. Algunos de estos personajes, derrochando juventud y alegría regularmente asistían a estos encuentros, en los cuales, como en este caso, tenían activa participación.

Sea por la calidad de los jurados o porque Rojas realmente tenía pasta de campeón, el hecho es que Kelly duró sólo 49 segundos, siendo la pelea más corta registrada durante muchos años en los ring nacionales.
Hubo euforia esa noche en el Prat. Rojas subía como la espuma; el jurado en pleno lo invita a comer al Club de La Unión y allí se celebra con toda pompa el magnífico triunfo.

La pelea más larga

En 1908 llegó a Santiago un norteamericano de muy buena trayectoria llamado Charles Bradley, al que se le pactó un finish con nuestro campeón.
Hasta la tercera vuelta el encuentro se desarrollaba sin muchas variaciones. Mediando el 5° round, Rojas se va encima con todo. Golpea duramente la cara del rival e instantáneamente siente un dolor agudo en la mano que comienza a molestarle bastante, pero sigue en la lucha. Avanza se defiende, no se entrega, golpeando con una mano resiste hasta el round 29°. Ya el dolor era demasiado intenso. Fractura dice el doctor; el abandono obligado le significa su primera derrota. A pesar de que no hubo nocaut, las incidencias del match produjeron desazón entre sus parciales.

Así y todo, Rojas se inscribía en los anales de la historia del deporte nacional como el match de box más largo de todos los que hasta la fecha se han realizado en nuestro país.

Duro era Bradley; pero Rojas ya repuesto de la lesión, pidió la revancha en una pelea que entusiasmó al púbico, demostrndo su clara superioridad sobre el americano, al que noqueo en 18 vueltas.
A Europa

En 1914, acompañado del pugilista Manuel Sánchez, quien más tarde lograría conquistar el título sudamericano de los livianos, Rojas se traslada a Europa con el fin concertar algunos encuentros, lo que no logró, debido a que la Primera Guerra Mundial asolaba al Viejo Continente y sus mejores boxeadores empuñaban los fusiles en los rudos campos de batalla. Para costear los pasajes recibió ayuda de Arturo Alessandri y otros políticos de la época.

Un nuevo tropiezo

En septiembre de 1916, Rojas se enfrenta a Bob Devere. El match se lleva a efecto en un ring que se levantó frente a la Pila del Ganso, concitando el interés de la afición.

No pudo con la capacidad de Devere nuestro campeón. Ya comenzaba a notarse la diferencia de nuestros boxeadores con los del lejano norte. Con este match, Rojas comenzaba a darse cuenta que ya no era el joven de diez años atrás y en lo interior debió haber experimentado que la gloria comenzaba a serle esquiva.

La última pelea

El 20 de abril de 1918, en el Stadium Nacional se efectuó la última pelea oficial de Heriberto Rojas. Convertido en un ídolo por la afición, ésta llenó las aposentadurías. Un servicio especial de coches, autos, carretelas y golondrinas atendió la rápida movilización de los aficionados.

Por su parte la revista “Ring” publicaba los hechos sobresalientes de la pelea y por medio de una pizarra colocada en el Círculo de la Unión (Estado –Plaza de Armas), entregaba las incidencias del match, que le eran transmitidas por teléfono desde el Stadium.

A la pelea (que estuvo a punto de suspenderse por problemas de organización), concurrió un público ávido de ver al Gran Rojas “Rey de los abofeteadores chilenos” como lo llamaba la revista “Deportes”, el ídolo de tantas jornadas de gloria, con el fin de rendirle el tributo de sus simpatías. La lucha fue porfiada y tenaz; su victoria difícil, pero las voces de aliento lo agigantaron, pagando un precio elevadísimo por su triunfo, siendo por ello aclamado con vítores y aplausos.

La despedida oficial

El 18 de mayo de 1918, el teatro circo Independencia se vestía de gala en honor al campeón sudamericano de boxeo Heriberto Rojas, con motivo de su retiro del ring.

Dos derrotas a manos de boxeadores extranjeros y 37 peles ganadas, en una época en que el boxeo se hacía a fuerza de empeño y coraje, donde los entrenamientos tenían lugar unos meses antes del combate y se luchaba sin vendas en los famosos finish, eran el duro bagaje ganado con los puños que exhibía Heriberto Rojas al momento de su retiro.

Luego de una academia a cuatro rounds en su honor por parte de otro grande de esos años, el liviano Manuel Sánchez, con el profesor Carlos Pérez; don Alfonso Reveco, Director de la Federación de Box de Chile, le ofrecía la velada y le daba la despedida oficial.

Acontecido su retiro, Rojas se dedicó a la enseñanza del box, compartiendo roles con el maestro Juan Concha y Amadeo Pellegrini, este último experto en Lucha Romana y Jiu-Jitsu, arte marcial que popularizó en nuestro país.

Cuando Carlos Borcosque filmó la primera película deportiva chilena titulada “Músculo y Cerebro”, Rojas fue llevado a la pantalla, colocándolo al comienzo de la cinta y aunque la crítica dijo que se veía falto del aplauso, fue el gran homenaje que en vida se le rendía al campeón, que con sus 34 años pensaba que todavía tenía un lugar en la enseñanza del boxeo a las nuevas generaciones.

El deportista siguió ejerciendo como profesor de box en los cursos periódicos que efectuaba la Policía de Santiago y más tarde también participó en algunas peleas de lucha romana, que también eran bastante populares en las primeras décadas del siglo XX.

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Comentarios
Fernando González dice:

Gracias por rescatar la historia de nuestros antepasados, que engrandecieron nuestro país.

Heriberto Rojas L dice:

gracias por escribir tan detallada y veraz la trayectoria Boxistica de mi abuelo Heriberto Rojas. me emocionó que haya gente como usted que recuerde a una persona que fue ídolo hace tantos años. Muchas gracias

Heriberto Rojas L

Héctor Alarcón dice:

Que interesante que uds. concuerden conmigo sobre la trayectoria del Guardián y profesor de box que llegó a ser el entonces famoso Heriberto Rojas. Lamentablemente hay muy poca información y menos fotografías de sus peleas. un abrazo.

andrea dice:

gracias por contar, la historia linda de mi vis abuelo HERIBERTO ROJAS.EL CAMPEON. soy fans numero uno de mi vis abuelo mi padre siempre me cuentan las historias de su tata, y me cuenta que su tata era un hombre grande que tenia grandes manos y un corazón de oro.

andrea dice:

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Héctor Alarcón dice:

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