El próximo 21 de mayo se cumplirán 138 años del Combate Naval de Iquique, contienda épica en la que luego de haber cumplido un acto de heroísmo, uno de los más preclaros comandantes de los buques de nuestra Armada de aquella época, cayó segado por las balas enemigas en la cubierta del monitor peruano “Húascar”.

Agustín Arturo Prat Chacón se llamaba el hombre que con su muerte daría un vuelco a la Guerra del Pacífico, despertando a un país que todavía no había sentido en carne propia las duras circunstancias de la guerra.

El joven Prat nació en la noche del 4 de abril de 1848 en la hacienda San Agustín de Puñual, en la falda del cerro Coigüen, Ninhue, departamento de Itata, al norte de Chillán . Su padre Agustín Prat Barril era un comerciante poco afortunado a quien las circunstancias lo habían llevado a dedicarse a la agricultura sin mayores ganancias. Su madre era doña María del Rosario Chacón y Barrios.
El niño fue bautizado en la parroquia de Ninhue, cerca de Quirihue el 2 de marzo de 1849

Las desventuras económicas de su padre se agravaron cuando una seria enfermedad lo dejó casi inválido, debiendo su madre preocuparse de la educación y el mantenimiento de su hijo, el que luego de su bautizo fue llevado a Santiago.

Su niñez

De la niñez de Arturo, nos ha dejado constancia el profesor y poeta chillanejo Oscar Bilbao Martínez en su poema “San Agustín de Puñual”:

Entre Flores y naranjos,
entre naranjos y vides,
lo mismo que una tonada
puesta en el pecho de Chile:
San Agustín de Puñual
un trozo de tierra firme;
allí nació Arturo Prat
casi a la vista de Ninhue.

Más adelante el poeta nos da su mirada de lo que habría sido el entorno del hogar del ilustre marino:

Una hacienda, un caserón,
que por símbolo resiste;
peones de caras pardas
y niñas de cejas tristes,
perros que entonan la noche
con mil letanías grises;
San Agustín de Puñual,
un trozo de Chile libre.

Allí nació Arturo Prat
y en una cuna de mimbre
bebió los jugos del sol
y leche de tierra virgen.
Allí Capitán del viento,
casi a la vista de Ninhue
templó con barro chileno
su corazón invencible.

Según cuentan libros de hojas amarillentas, Arturo (como se le llamó desde pequeño), fue un niño débil, con problemas físicos, al que doña Rosario debió cuidar con muchas atenciones durante casi ocho años mediante un tratamiento diario que si no era penoso, constituía una dura rutina.

A su madre le correspondió entregar al pequeño los valores del hogar como la piedad religiosa, el apego a la verdad y la rectitud en todos sus actos.

Siendo muy niño fue trasladado a Santiago, ingresa a la escuela que dirigía el profesor José Bernardo Suárez, donde estudia las primeras letras. Allí sobresale desde el primer momento, tal como lo atestigua un informe de esa época, en que se manifiesta que tiene buena capacidad, es muy aplicado y de carácter inmejorable.

A la Escuela Naval

Son estos atributos estudiantiles los que le permiten ingresar a los diez años a la Escuela Naval en Valparaíso el año 1858. Allí inicia su incipiente carrera como cadete. Esta generación será recordada como el “Curso de los Héroes” porque también formaron parte de él Constantino Bannen Pradel, Carlos Condell, Juan José Latorre, Jorge Montt Alvarez y Luis Uribe, entre otros.

De su hoja de servicios en la Armada podemos distinguir las siguientes acciones:

  • Enero 1860, se embarca en La Esmeralda.
  • 13 de julio 1861, Nombrado aspirante.
  • 13 de julio de 1864, graduado como Guardiamarina.
  • Noviembre de 1865, Teniente Segundo.
  • Pelea en el Combate de Papudo.
  • 7 De febrero de 1866, embarcado en la Corbeta “Esmeralda”, al mando de Juan Williams Rebolledo.
  • Embarcado en diferentes buques de la Armada, recorre el país.
  • 1871, Pasa a desempeñar en el Buque Escuela “Esmeralda”, siendo nombrado profesor de ordenanza.
  • 12 de febrero de 1873, se gradúa de Capitán de Corbeta.
  • 5 De mayo de 1873, se casa con Carmela Carvajal, con quien tuvo dos hijos – Arturo y Blanca Estela.1874, Se gradúa como Bachiller en Leyes.
  • 1875, Obtiene su título de Abogado.
  • Ayudante de la Gobernación Marítima de Valparaíso.1868 y 1870, viaja por el sur de Chile e Isla de pascua en buques de la Armada.
  • 24 de mayo de 1877, en una acción temeraria, salva a “La Esmeralda” del naufragio durante un temporal.
  • 1878, Comisionado por el Gobierno a Argentina, para informar sobre los efectivos del Ejército y la Armada de ese país.
Guerra del Pacífico

Por su calidad de Abogado, al estallar la Guerra le correspondió acompañar al Ministro de Guerra en Campaña Rafael Sotomayor Baeza. El 5 de abril de 1879 a Prat le correspondió notificar a las autoridades peruanas del bloqueo de Iquique.

Posteriormente regresó a Valparaíso, destinándosele como comandante de la cañonera Covadonga, zarpando a Iquique en convoy con la cañonera Abtao. Llegado a ese puerto, el 17 de mayo fue designado comandante de la corbeta Esmeralda y encargado del bloqueo de Iquique.

El Combate

Cubierta de la Esmeralda en 1876 / cc santiagonostalgico

La Escuadra nacional se remontó hacia el norte, esperando encontrar la Escuadra peruana en el Callao, quedando en Iquique el comandante Prat en la “Esmeralda” y Carlos Condell a cargo de la “Covadonga”.

A tempranas horas del 21 de mayo el vigía de la Covadonga, que cumplía ronda de vigilancia fuera de la rada alertó a la tripulación al grito de “dos humos al norte”, poniendo sobre aviso de inmediato a la “Esmeralda”, que respondió con el toque de zafarrancho de combate, con lo que ambas naves comenzaron a prepararse para defender el bloqueo del puerto, tal como lo había ordenado el Almirante Williams Rebolledo.

En esos momentos quedaba sellada la suerte de los buques chilenos, naves de madera, de poco andar, por lo que Prat decidió apegar los buques a la costa, ya que con eso evitaba que los peruanos dispararan hacia ese sector, donde se ubicaba el poblado.

Luego de que el Huáscar iniciara una ronda de disparos con su cañón de 300 libras en contra de ambos buques, Prat reunió a su gente en la toldilla y con voz alta y sonora arengó a sus valientes:

“Muchachos,
la contienda es desigual.
Nunca se ha arriado
nuestra bandera
ante el enemigo;
espero que no sea esta la ocasión de hacerlo.
Mientras yo viva, esa bandera flameará
en su lugar;
y si yo muero mis oficiales sabrán cumplir con su deber”.

Enseguida, agitando su gorra en el aire selló su arenga con un vibrante ¡Viva Chile!, al que toda la tripulación respondió de la misma manera, impresionando a la cercana población iquiqueña, que hasta ese momento había quedado en el sector aledaño a la playa.

Entre estos se encontraban fuerzas peruanas las que comenzaron a disparar contra la “Esmeralda”, cuyo lento andar no le facilitaban los desplazamientos necesarios en la emergencia. Con el fin de evitar la carnicería que se estaba produciendo, Prat ordenó a la “Covadonga” salir de ese lugar, en tanto la “Esmeralda” se desplazaba lentamente hasta aguas más profundas, un poco al norte de la bahía.

Luego de resistir un fuego de tres horas, en la Corbeta ya había perecido gran parte de la tripulación. El “Huáscar” se preparó entonces para darle el golpe de gracia con su acerado espolón, logrando impactarla sólo al costado de babor a poa y aunque la tumbó de estribor, no sufrió gran avería.

Fue en aquel momento, entre el ruido ensordecedor de las baterías del monitor y de la fusilería, cuando Prat gritó a ¡Al abordaje muchachos”!, pudiendo ser escuchado sólo por el sargento Juan de Dios Aldea, quien estaba cercano a él.

Con su espada en alto trató de cortar la driza de la bandera enemiga, pero sólo pudo dar algunos pasos sobre la cubierta del monitor. Balas enemigas lo dejaron tendido para siempre en la cubierta del “Huáscar”, mudo testigo de su heroísmo.

Así culminaba la vida de un joven oficial de nuestra Armada, quien había cumplido el juramento de entregar su vida en defensa de la patria. Luego del combate sus restos fueron enterrados en el cementerio de Iquique y sus enseres personales fueron remitidos por el caballeroso comandante Miguel Grau a su viuda, incluyendo la espada con que Prat saltó al abordaje (ver nota anexa).

A las 12,10 de ese día, la gloriosa “Esmeralda” lanza su último disparo y se hunde en las aguas del puerto nortino.

Luego la “Covadonga”, al mando de Carlos Condell hará encallar a la “Independencia” en Punta Gruesa, perdiendo el Perú una poderosa fragata. Meses más tarde -8 de octubre-, el “Huáscar” será capturado frente a Punta Angamos, en un combate glorioso en que cayó el máximo héroe de la Armada peruana, el comandante Miguel Grau.

En esos dos combates los marinos chilenos dieron muestras de heroísmo y valentía; pero el heroísmo demostrado por Prat sobrepasó las fronteras, su acción fue reconocida por sus enemigos. Dentro del país, se transformó en emblema, acarreando una ola de adhesión en apoyo a las actividades de la guerra. Muchos ciudadanos fueron a enrolarse voluntariamente en los regimientos que periódicamente se formaban para ser enviados al norte. El holocausto del gran marino transmutando la gloriosa derrota en un triunfo del espíritu, impulsaba un cambio decisivo en el curso del conflicto y se inscribía en la historia como ejemplo luminoso para las generaciones futuras.

Terminada la batalla el comandante Grau dispuso un minucioso inventario de los objetos personales que portaba el héroe de Iquique. Su hidalguía le hizo reconocer el gesto valeroso que el capitán había realizado al intentar el abordaje, a costa de su seguridad personal, como única forma de conseguir la victoria. Por ello, en un gesto pocas veces visto, remitió a su viuda las pertenencias del malogrado capitán. Iban acompañadas de una carta:

Carta de Miguel Grau a Carmela Carvajal


Monitor Huáscar
Al ancla, Pisagua, Junio 2 de 1879

Dignísima señora:
Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a Ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la “Esmeralda”, como usted no lo ignorara ya, fue víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria. Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder, y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún consuelo en medio de su desgracia y por eso me he anticipado a remitírselas.

Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.

Miguel Grau

Carta de la viuda de Prat a Grau

Carta de la viuda de Prat a Grau
Señor don Miguel Grau

Distinguido señor:

Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del “Huáscar” en 2 de junio del corriente año.

En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraban sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí de un valor inestimable por ser, o consagradas por su afecto, como los retratos, o consagradas por su martirio como la espada que lleva su adorado nombre.

Al proferir la palabra martirio no crea usted señor, que sea mi intento inculpar al jefe del “Huáscar” la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe que, arrostrando el furor de innobles pasiones sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aún palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, de haberla podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria como desastroso para mi corazón.

A este propósito, no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua.

Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta y afma. S.S.

Carmela Carvajal de Prat

Objetos encontrados al capitán Arturo Prat

Inventario de los objetos encontrados al capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la corbeta chilena “Esmeralda”, momentos después de haber fallecido a bordo del monitor “Huáscar”

Una espada sin vaina, pero con sus respectivos tiros.
Un anillo de oro de matrimonio.
Un par de gemelos y dos botones de pechera de camisa, todos de nácar.
Tres copias fotográficas, una de su señora y las otras dos probablemente de sus niños.
Una reliquia del Corazón de Jesús, escapulario de la Virgen del Carmen y medalla de la Purísima.
Un par de guantes de preville.
Un pañuelo de hilo blanco, sin marca.
Un libro memorándum.
Una carta cerrada y con el siguiente sobre escrito: “Señor Lassero. Gobernación Marítima de Valparaíso. Para entregar a don Lorenzo Paredes.

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